Los objetivos de todo Plan de movilidad sostenible son los mismos:
- conseguir una transformación cultural en las personas;
- y adecuar los servicios y las infraestructuras del sistema de transportes para alcanzar con ello una movilidad que sea sostenible en el tiempo.
Como resulta lógico pensar, cambiar la cultura de las personas no es -ni mucho menos- tarea fácil. Los Planes de Movilidad Sostenible son solo pequeños instrumentos para ayudar a dicho cambio. Sin embargo, el ciudadano del Siglo XXI es plenamente consciente de los riesgos que existen y, me atrevería a decir, de su responsabilidad personal para minimizar dichos riesgos. Las actividades de difusión -recientemente hemos organizado una jornada sobre transporte y cambio climático en un conocido Parque Científico y Tecnológico- son bien acogidas y la posibildad de escuchar la voz de expertos científicos, detallando la situación real y los peligros presentes y futuros del cambio climático, ayuda a las personas a refrendar su compromiso con una movilidad más sostenible.
Sin embargo, la vida de cada uno de nosotros es compleja y necesita de una movilidad igualmente compleja. Por eso es tan difícil dejar el vehículo particular para apostar por el transporte colectivo. Mientras no sea más sencilla la vida de las personas, los responsables de la movilidad -con la ayuda, en su caso, de consultores como nosotros- tenemos la responsabilidad de mejorar los sistemas de transporte público para adaptarlos a las necesidades reales de los ciudadanos, siendo creativos e innovadores, tanto en cuanto a las características técnicas del propio sistema, como a su organización, su financiación, su tecnología, etc.


